agosto 04, 2010

La sal de la vida



¡Cuántos colores! Hay un mundo de ajies picantes.

"Apenas le puse la mitad de un aji puta parió y pica como la ostia", me dijo.

Sobre el ardor y el estrechísimo límite entre lo sabroso y la sazón máxima tolerable. Algunas veces evito probar el plato hasta que está servido. Otras, me tientan los olores y meto sutilmente la cuchara, casi no puedo contenerme.

Es una empresa harto dificil, esta de saber hasta dónde aguanta la lengua de uno. Allá afuera hay un mundo de ajies...


3 comentarios:

Mi persona dijo...

Qué genial la analogía!, de lo más simple y correcta.
Habrá que seguir probando nomás.

Me encantó!.

Beso.

talita dijo...

se dice que el aji es a la lengua lo que la filosofía a la cabeza. resulta que si una se acostumbra a comer picante, las papilas gustativas se acostumbran (algunos dicen que el picante las mata) entonces se encesita cada vez más picante para sentir el gusto.
así sería la filosofía. supongo, no lo sé.
la lengua aguanta, mi querida, hasta que deja de aguatar. una se da cuenta. creame.
besos

Frank H. dijo...

hermoso.
viajamos por un túnel de sensaciones.

saludos!
http://elbodegon.blogspot.com/